BURBUJA © ®

BURBUJA

Soy un pezqueñín y mi padre es un gran mero. Mi centenar de hermanos me llaman Burb, que es más fácil que llamarme Burbuja.

Yo siempre he tenido una idea fija en mi cabecita, y es lograr que una burbuja baje. Suelto una tras otra con todas mis ganas, así durante mi ya larga vida de dos semanas, pero nada. Siempre van para arriba, y yo no quiero, yo lo que quiero es verlas bajar.

Mis hermanos se ríen. Dicen que estoy loco, pero a mí me da igual. Por eso, le he pedido a mi padre que me ayude. No ha sido fácil, porque mi padre es el pez más serio de todo este trozo del arrecife y siempre está pendiente de que no nos pase nada. Así que me he puesto delante de él y le he dicho:

— ¡Papá, ya no aguanto más! Llevo dos semanas intentando que una burbuja vaya un poco más abajo de mi barriga, pero nada más intentarlo, sube ¡Estoy desesperado!

Y se lo demostré para que lo viera. La burbuja pasó entre los dos sin que nuestros ojos la perdieran de vista. Entonces, mi padre sopló levemente hasta hacerme girar, como lo hace una ola con un grano de arena, y yo quedé con el vientre hacia arriba. Del susto, una burbuja escapó de mi boca y: ¡por fin la vi desaparecer por debajo de mí, en busca de las luces que juegan con el techo de nuestro mundo!

Sin darme la vuelta, le dije a mi padre:

— Gracias, papá. Eres un genio. Ahora mis hermanos no dirán que estoy loco.

Y desde hace unas horas, nado siempre del revés.

 

Fin